Innovaciones de los jóvenes, motor para cumplir los ODS

24 mayo

Ante los problemas que enfrenta el planeta y la necesidad de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 que plantea la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “lo importante ya no es preguntar qué mundo le vamos a dejar a nuestras próximas generaciones, sino qué tipo de jóvenes le vamos a dejar a nuestro mundo”, señaló en entrevista José Almansa, presidente y fundador de la plataforma de voluntariado Welever.

Al respecto, Emilio Guerra Díaz, director de la Red de Pacto Mundial de las Naciones Unidas en México, agregó que los ODS son un parteaguas para el buen desarrollo de todas las personas del planeta y es muy importante dar espacio a las nuevas generaciones para intentar cumplir esas metas, porque “los jóvenes tienen cabida en todos los objetivos. Cuando nos enfocamos en ellos, es necesario hablar de voluntariado y la idea es que todas las organizaciones se apropien de lo que naturalmente hacen”, ya que un voluntariado que trabaje, por ejemplo, en la restauración del hábitat de las abejas, está abarcando metas que van desde el cuidado del medio ambiente hasta la seguridad alimentaria y la disminución de la pobreza.

CAMBIAR DE MODELO

Almansa destacó que actualmente, “si analizamos cómo se hace un plan de voluntariado corporativo, lo piensa y lo crea una persona que está arriba, normalmente un directivo, que habla con una consultora, una organización de la sociedad civil o internamente decide qué proyecto lleva mejor los valores de la compañía y se tiene que hacer. Después lo propone a la base de la pirámide, que son los empleados”.

El problema es que ese modelo no genera los resultados que se necesitan. “Mientras 85 por ciento de los empleados dice en los informes de la empresa que está interesado en hacer voluntariado corporativo, tan solo entre 6 y 12 por ciento de estas personas termina involucrándose. Cuando se les pregunta por qué querían estar en un voluntariado y al final no lo hicieron, la respuesta unánime es que las iniciativas que se han propuesto no les gustan, no les interesan o no eran lo que ellos estaban esperando”, detalló Almansa.

Ante ese fenómeno, opinó el fundador de Welever, “las organizaciones que no consigan activar en los jóvenes esa creatividad e innovación, no van a llegar muy lejos. Esta es una tendencia muy importante que las empresas deben empezar a considerar para cambiar sus esquemas de voluntariado corporativo, tomar en cuenta la fuerza que tienen sus colaboradores”.

Guerra Díaz coincidió con esa visión y ejemplificó que en el sismo del 19 de septiembre de 2017 mucho se habló de la participación activa de los millennials, pero más allá del momento que se vivió en algunas partes del país, la idea de implementar los ODS y la sustentabilidad en ellos se percibe visualizando que las nuevas generaciones están comprometidas con su entorno y calidad de vida. “Muchos de los jóvenes que vivieron ese momento están trabajando en la reconstrucción de viviendas, comunidades y condiciones de mercado a través de organizaciones como Techo, Hábitat para la Humanidad y Construyamos que, si bien no surgieron a partir del sismo, han sido testigos del interés de los jóvenes por participar y apoyar a su país y a su gente”, refirió.

“Al contar con una serie de elementos que se articulan, podemos entender la idea del engranaje en el que las piezas más grandes ya existen y la pequeñas, que serían los jóvenes, se unen como apoyo para crecer y contribuir a la sustentabilidad y a los ODS. Esto —aclaró Guerra Díaz— definitivamente no quiere decir que los objetivos sean la solución a los problemas, pero al estar tan bien diseñados inspiran a las nuevas generaciones al movimiento, a la creación. Hoy estamos en una estrecha colaboración y alianzas en donde cada individuo de la sociedad se da cuenta que tiene algo que aportar desde donde este”, subrayó.

“Desde Pacto Mundial apoyamos a los jóvenes al buscar que las empresas los reconozcan. Lo mejor de todo es que gran parte de las compañías adheridas ya los están buscando y asignando un presupuesto de inversión para apoyar estas iniciativas”, recalcó Guerra Díaz.

APOYO TECNOLÓGICO

El directivo de Pacto Mundial en México también destacó que “este momento que estamos viviendo es crucial para los jóvenes apoyados de las herramientas tecnológicas y el conocimiento existente. En los ODS encuentran una fuente de inspiración ideal para trabajar y canalizar todas sus inquietudes”.

José Almansa explicó que bajo esa premisa se fundó Welever, un sistema que ya utilizan 32 empresas europeas, que empezó una prueba piloto en el Miami Dade College con 160 mil estudiantes para aplicarlo en instituciones educativas y que recientemente abrió oficinas en México para expandirse a Latinoamérica.

“Lo que nosotros ofrecemos es una plataforma tecnológica —en web y en aplicación móvil— que lo que permite es que, por un lado, que los encargados de Recursos Humanos o de Responsabilidad Social Empresarial puedan seguir proponiendo sus proyectos como lo hacían antes, pero con la diferencia de que ahora, desde la aplicación, también el empleado puede sugerir las iniciativas de voluntariado y llevarlas a cabo”.

La plataforma, destacó su fundador, “es un movimiento de innovación basado en personas. Lo que nosotros creemos es que no hay empresas innovadoras, ni universidades ni gobiernos. En realidad, lo que hay es gente detrás que los hace así”.

Al dar la opción de proponer “el colaborador se puede empoderar como líder social para gestionar las iniciativas. A partir de ahí, la plataforma ayuda a administrar el proyecto, a medir su impacto y después a reportar los que se ha logrado”. El sistema, aseguró, es muy simple: cualquier integrante de una organización puede proponer una iniciativa, intenta que otros colaboradores se unan, después registra las horas que se han dedicado al voluntariado y la plataforma permite calificarlo; el organizador valora a los participantes y ellos hacen lo mismo con él.

A partir de ahí, detalló Almansa, lo que hace Welever “no es medir el impacto del voluntariado, sino el grado de consecución que tiene con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, que son concretos, medibles y evaluables”. La plataforma cuenta con un algoritmo que cuantifica y califica distintos indicadores, pues si los participantes dan cinco estrellas al organizador se interpreta que las horas de voluntariado tienen un valor mayor. La estimación también toma en cuenta la continuidad y calcula que la hora 101 de un voluntariado tiene más impacto que la primera.

“Luego comparamos las horas calificadas con un cálculo que hemos hecho con la ONU, que es el estimado de cada país, con cada ODS y el tiempo que requiere para su consecución, que pueden ser varios millones de horas. Después de ese cálculo se le puede decir al voluntario “tú has conseguido un 0.000001 por ciento de ese objetivo mundial, pero como al ser una proporción muy pequeña es muy frustrante lo llevamos a otra puntuación en la que mide lo que han logrado todos los trabajadores de una empresa”.

No obstante, aclaró, también es muy importante a escala individual, porque le da al voluntario “un currículo social encriptado que me asigna esos puntos, lo que refleja que esa persona ha colaborado con una parte del objetivo que tiene su país, y eso es algo que cada quien puede llevar consigo a donde vaya, porque es un logro personal”. “Por eso lo importante es activar la inteligencia colectiva y la capacidad de innovar que tiene cada persona, porque esa creatividad no está arriba de la pirámide, está abajo, donde se encuentra la mayoría de las personas, y esa es una fuerza muy importante, sin ella no alcanzaremos los objetivos de desarrollo sostenible para 2030”, concluyó Almanza.

Con información de Liliana Noble y Gabriel Bolio.

 

Fuente:

http://beta.milenio.com/responsabilidad-social/innovaciones-de-los-jovenes-motor-para-cumplir-los-ods